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MAGIA "BLANCA" Y "NEGRA"
Magia Blanca

Aquella destinada a la superación personal en materia espiritual y en el servicio desinteresado a los demás respetando absolutamente la voluntad y el libre albedrío (o el destino último) de los semejantes. Se trataría, en fin, de una magia en la cual el respeto a las Leyes Universales herméticas sería absoluto
Magia Negra

Aquella destinada al control de las circunstancias adversas y a obtener provecho propio de cualquier situación aun sin mostrar el mínimo respeto a la libertad o deseo de los demás. Es una Magia que, confundida, intenta subvertir en favor del iniciado las Leyes Naturales, sin comprender que éstas tienden a la anentropía y a la estabilidad, reajustándose tras cualquier violación de su mecanismo como si fueran un reloj de precisión autocontrolado por satélite y que, finalmente, "pasan factura" de cualquier violación a cualquiera que hubiera intentado contravenirlas.
Aún más divisiones podemos realizar: atendiendo a los elementos (Magia del Fuego, del Aire, del Agua y de la Tierra), a sus métodos (Magia roja, Magia verde, Magia Negra, Magia Azul y Magia Blanca), a sus implicaciones filosóficas o grado de conocimiento profundo requeridos (Brujería, Chamanismo, Alta Magia o Magia Ritual, Teurgia...), etc. Sin embargo, vamos a quedarnos con las divisiones establecidas hasta ahora para no complicar excesivamente algo que, en realidad, es más de interés puramente taxonómico o didáctico y obedece, por tanto, a un acercamiento muy primario, básico e infantil al fenómeno mágico que práctico y real. En realidad, la Magia es un fenómeno mucho más unificado y tales divisiones sólo pueden ayudarnos en una aproximación didáctica pero fuera de contexto. Ciertamente, si hiciéramos demasiado caso a estas divisiones, jamás entenderíamos nada cuando tomásemos contacto con la Magia real, puesto que ésta está llena de mixturas, participa de todas las "divisiones" establecidas por sus investigadores y descalificaríamos automáticamente como Magia prácticamente a todos los fenómenos que le pertenecen, ya que hallaríamos una completa mezcla de nuestras diversas teorías perfectamente atomizadas y estructuradas en todos sus practicantes, desde el lama tibetano que emplea sistemas de adivinación tradicionales para tomar decisiones sumamente importantes hasta el chamán mexicano que danza al tiempo que recita "mantras" similares a los budistas o a la bruja medieval que invoca a Satanás con velas y círculos de una Alta Magia contaminada de inconsciencia y mezcla en sus pucheros las plantas y aceites propios de una magna obra alquímica.
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